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domingo, 17 de mayo de 2015

"Causa y efecto"



No puedo imaginarme cómo habría sido nuestra vida sin aquel último bache.
Si las ruedas traseras del amor no hubieran fallado,
¿habría sobrevivido a ti?

Me cuesta imaginarlo,
lo siento.
Algo que no es ni llegará a ser,
es difícil hacer escalada por la pared de los sueños.


Suelo dejarme encontrar por las calles más oníricas de mi memoria,
esperando en la parada a ese autobús que me lleve 
junto a la niña que nunca más volveré a ser.

Tengo miedo de plantarme cara.


Si le digo que yo no fui,
que la culpa no me pesa en las raíces de mi cuerpo,
puede que ella me crea.


Así podré limpiarle las manoletinas,
decirle que el rubio nunca le ha sentado tan bien
y que el Bershka ya no está de moda.
Tal vez le diga que por fin he encontrado la carrera de mi vida,
que el anime ha culminado mis mejores insomnios
y que la poesía florece en un riconcito de Malasaña.
Tal vez ella quiera venir conmigo,
y poder mirarme a los ojos sin sentir rencor.
Esa clase de odio que nos arropa sin un beso de buenas noches.


Puede que le invite a ver Madrid amanecer,
que Thor ha llenado el vacío que nos dejó Dior con su muerte.
Que poder abrazarle en su último adiós,
ha sido el acto de amor más verdadero que he sentido en mi vida.


Puede que quiera ver las fotos de París,
describirle cómo me emocioné al ver la Torre Eiffel de noche,
la paz que supone sentirse libre mientras suena la música de un carrusel.


Porque al fin y al cabo es lo que somos.


Puede que ella quiera saber que en Londres hay segundas oportunidades,
que dormir en un albergue es una aventura
mientras en el aeropuerto no existe mayor seguridad 
que saborear un buen chocolate con olor a buenas intenciones.

Puede que ella se deje llevar,
agarre mi mano con fuerza
y me deje guiarla hacia el futuro.
Que no es ayer ni mañana,
sino ahora.


Mostrarle que no hay mayor soledad que estar rodeado de nadie
y que las personas que un día le abrazaron,
hoy son fantasmas que se enredan por su pelo.


Quiero decirle que no hay motivos para tener miedo,
que el monstruo del armario era el pasado hambriento de dudas.
Que las uñas ya no se muerden
y los besos le esperan en unos bonitos labios.


Quiero gritar con ella que todo lo que vendrá es un misterio,
que hay que dejar atrás la coraza para ser corazón y viento.
Porque cuando no queda aire que respirar,
nos fumamos el tiempo.
Para ser las dos la rosa que con sus espinas,
pudo conquistar el desierto.


Somos ella y yo,
tú no perteneces a este cuento.
Sobreviví a ti,
no me quedan argumentos.


Regresé al libro que no escribí
para contar la historia de aquellos que se perdieron.
Porque encontrarse no era el camino,
el camino lo encontré cuando tú dejaste de buscarme.


Me perdí sin saber por qué
y hoy he vuelto sin preguntarme,
que habría pasado si tú y yo no fuésemos tú y yo,
si la Cenicienta hubiese ido en Converse al baile.


Porque todo lo que sucede es causa y efecto,
soy capaz de amarme por encima de todos mis defectos.


Icarpena

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