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miércoles, 13 de mayo de 2015

"Tú eres el puente sobre aguas turbulentas"


A veces recuerdo como éramos antes de la tormenta.
Cuando el bar funcionaba y con once años ya ayudaba a mis padres en la terraza.
Cómo me enseñaban a sonreír y contestar educadamente a las bromas pesadas que hacían los clientes, y no contestar a los vecinos porque:

Si no, no nos firman para tener la terraza el año que viene.

Recuerdo como jugábamos a ser ladrones. Cuando las pistolas sólo disparaban risas y los cigarros eran de mentira.
Quien me lo iba a decir.
Hacer nuestras guaridas en los jardines, mientras conseguíamos cartones y palos.
El auge de Pokemón, la revolución de tener un móvil, creyendo que jamás podría superar la mejor red social: comer pipas sentados en un banco.

Aquellas excursiones que organizaba la peña de mi bar, levantarse a las ocho de la mañana, porque a las nueve salía el autocar que nos llevaba a todos los vecinos a la capea, ese mítico Rancho Santa Mónica.
Los vecinos metidos en la piscina, comiendo paella y barbacoa, jugando al pañuelo, toreando a las vaquillas.

Quien iba a decir que a día de hoy, no nos hablamos con la mitad.

Recuerdo que antes de la tormenta, los fin de semana eran de cine, salir a cenar.
Mi madre escondiendo todas las hamburguesas en su bolso gigante o en su abrigo.
Meternos ocho personas en ese fiat tempra que era más viejo que yo.
Recorrernos todos los nuevos cines que abrían por Madrid, porque hacía ilusión cuando construían un nuevo centro comercial.
Aunque nadie sabía que eso suponía la muerte de otro cine, la desaparición de los mejores años de nuestro barrio.

Antes de la tormenta, irse de vacaciones era una aventura que deseábamos con ansias. Ese eterno Hotel Koral en Oropesa, donde vi por primera vez un travesti.
Andar por el paseo marítimo, enterrarnos bajo la arena, dejarse llevar por los golpes de las olas.
Todo esto, son fotografías guardadas en un álbum que acumula polvo, tiempo del tiempo que hemos perdido en olvidarnos.
Porque no nos queda nada de eso.

Antes de la tormenta, salíamos del colegio porque queríamos ver Gata Salvaje, El secreto, La verdad de Laura...
Luego vino Pasión de Gavilanes, la fiebre de Rebelde, ser mayor era algo que estaba pendiente y sin embargo no lo esperábamos, lo exigíamos.
No sé si os arrepentiréis de haber crecido, pero os aseguro que tengo la conciencia bastante tranquila.
Porque antes de la tormenta, yo cantaba con ella las mejores canciones de su vida en el coche.
En esa Jumpy que vino después como la mejor inversión para el futuro.
Antes de la tormenta, siempre yendo con ella a todas partes, nos acompañaban Adamo, José Luis Perales, Camilo Sexto...
Con ella supe quienes eran Simon & Garfunkel, la eterna luchadora que era Cecilia y la inmensidad de Nino Bravo.
Con la llegada del reproductor de Cd, me descubriste el mundo romántico de los cantantes italianos, Sabina y ese amor profundo hacia Madrid, la poesía de Serrat y las mejores sevillanas, quien diría que años después le cantaríamos tu favorita a esa hija mayor que se te casó.
¿Recuerdas cuando te pedía por las noches que fuéramos a ver Madrid?. Ver la puerta de Alcalá desde el coche y acordarnos de Victor Manuel y Ana Belén.
Cuando venías a recogerme al colegio y me engañabas diciéndome que me llevabas a casa pero teníamos que ir al Corte Inglés, y me recompensabas con tortitas y fresa.

¿Por qué tenemos que dejar todos estos momentos antes de la tormenta?

La tormenta ya ha pasado, no podemos seguir lamentando lo ocurrido. Porque el pasado nunca vuelve, pero todo puede suceder.
La lluvia ya se evaporó, vamos a secar nuestras lágrimas, a vestirnos con la luz del sol que siempre emerge de las peores nubes.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Tú que siempre has luchado, sólo quiero que después de la tormenta sigamos viviendo todos esos momentos, pero no los de ayer, sino los que nos esperan mañana.
La vida es un viaje de ida con vuelta abierta, quien sabe cuando tendremos que volver.
Te prometo que lo que nos espera, no concuerda con todo lo que has podido imaginar.
Porque no hay imaginación que supere a la magia de dejarse sorprender.

Te prometo, a ti que me has dado la vida y que la vida, a día de hoy, te lo ha quitado todo; que llegará.
La calma te llegará. 
Por encima de toda marea, por ser el acantilado que nunca ha habido en Madrid, te lo prometo:


¡Con tu puedo y con mi quiero,
vamos juntos compañero!


Icarpena

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