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sábado, 11 de abril de 2015

"El oficio de mis manos"


Esta tarde, he tenido la oportunidad de ir a ver una exposición sobre el arte de hacer papel marmoleado en la imprenta municipal de Madrid.
Muy pocas personas conocen esta técnica.
En Japón era conocido como "Suminagashi" o "tinta negra que flota"; en Turquía se conocía como "Ebrû" o "la pintura de las nubes"; y en España como "Marmoleado" o "Jaspeado".

A medida que ibas viendo la exposición, tenías la oportunidad de contemplar un vídeo en el cual un señor mezclaba con absoluta delicadeza las tintas en un recipiente lleno de agua densa. En él, dibujaba con un pincel delicadas formas que más tarde, quedarían adheridas en el papel.

Mientras mi madre y yo observábamos el vídeo, detrás nuestra una mujer no solamente observaba, ADMIRABA lo que ese señor era capaz de hacer con las manos.

Entablando conversación con esa señora, ella me ha mirado y me ha dicho:

-Mi padre ha trabajado toda la vida para Loewe como sastre. Me encantaba verle trabajar, porque no había nada más bonito que ver la pasión con la que hacía cada pedido, pues no era solamente un trabajo, sino un oficio.
Ahora con los años, las personas no nos preocupamos por aprender un oficio. Estamos tan ocupados en estudiar una carrera que al final, cuando quieres encontrar tu sitio, te das cuenta de que no tienes lugar. Por eso a mi padre no le preocupaba que su empresa cerrase, porque sabía que el día de mañana con su oficio, podría ir a cualquier parte.

Con esas palabras la señora me ha hecho reflexionar y lo único que puedo decirle es que lleva usted toda la razón.
Hoy en día creemos que por tener una carrera, podemos llegar a lo más alto. Y con el tiempo (y más los tiempos que corren), te vas dando cuenta que en realidad, no somos nadie.
Estás cuatro años de tu vida estudiando, llenando tu cabeza de conocimientos y cuando llega la hora de la verdad no te necesitan, porque sabes de mucho, pero no algo preciso.

Me doy cuenta de que nuestra generación está perdiendo no sólo el valor, sino el respeto de aquellos que hacen de su trabajo un oficio y de su oficio una pasión. Ya sea fontanero, carpintero, electricista... Esas son las personas que pueden llegar a donde ellos quieran. Porque no hay nada más importante que saber lo que haces.

Generalmente los oficios suelen ser de carácter familiar, se pasa de generación en generación, y es así como mayoritariamente aprendes a valorarlo. Tampoco soy partidaria de imponer a tus hijos su futuro.

Si tengo que sacar algún tipo de moraleja sobre todo lo que me ha dicho esta mujer, es que desde que somos pequeños, nos enseñan a ver el trabajo como una obligación, como algo que nos alienan y nos lleva a sentir que es un castigo.

Hoy por hoy, y por lo que he estudiado y me queda por estudiar; sueño que algún día alguien quiera enseñarme un oficio sin verme como una carga, sino como un futuro que cada vez está más cerca. Porque al fin y al cabo, el futuro es hoy.
Y si algo puedo pedirle a la vida, es poder sentirme realizada en mi trabajo.

Ser feliz con el oficio de mis manos.


Icarpena

1 comentario:

  1. Estoy completamente de acuerdo contigo. Hoy en día nos formamos de muchas cosas, algunas tienen que ver entre ellas, y otras no. Nos pasamos media vida estudiando, y a la hora de la verdad, nos damos cuenta que ni siquiera estamos preparados para todos esos apuntes que hemos metido a presión en nuestra cabeza.

    Creo que, como dices, se debería darle un valor positivo al trabajo, no como una obligación, sino como una pasión por ayudar a otras personas, y hacer de el mundo algo mejor. Y añadiría un plus si en las carreras se añadiese más práctica y menos teoría. Creo que saldríamos mucho más preparado para todo.

    Un besito

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