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jueves, 26 de febrero de 2015

"Lunes de Lunnaris"


Los lunes dejaron de ser lunes
cuando aprendí a vestirme con mi mejor sonrisa.
Los lunes me desaliñé los miedos,
las sombras
y los complejos.
Me salté las reglas,
crucé todos los semáforos en rojo,
para ir bailando hacia ti.


Estoy en la cumbre del colmo de quererte.

Los lunes son ese carnaval que no termina,
dos niñas jugando a no querer ser mayores.
Columpios,
arena,
césped.
Me pido ser el capitán del barco anclado en tu mirada.
Prefiero marea
y sed,
quiero besos de todos los colores.
Amarillos como cuando nos amanecemos,
rojos de rozar nuestra piel,
azules de tanto desenredarnos el alma.

Quiero que me tatúes la verdad entre los huesos.

No desvelar jamás nuestro mayor secreto,
amarnos con canciones que desnuden los complejos.
Locuras de hostal
y sidra,
olor a pizza por las esquinas.
Hacernos magia con las manos,
beber la nata que derraman nuestros labios.

Hemos conquistado París,
Londres,
Cullera,
Oropesa,
Chinchón
y Toledo.
Pero soy más feliz cuando aterrizo en tu cuerpo.
Hemos hablado de Praga,
Berlín
y Granada.
¿Nadie entiende que soñar no cuesta nada?

Los lunes dejaron de ser lunes,
porque son la extensión de los domingos.
Son el epílogo de los fin de semana que se escriben
en mis almohadas.
La historia que duerme sin herir,
cuando hibernamos entre las sábanas.
Cuando hacemos cena por no salir,
cuando llegamos tarde por ir deprisa.
Porque somos dos
y crecemos sin prisa.
Los lunes dejaron de ser lunes,

cuando aprendí a vestirme con tu mayor sonrisa.

Icarpena

miércoles, 25 de febrero de 2015

"Ajustes de cuentas"

No puedo dormir porque tengo la boca seca.
Porque te sudo a ti
y mi cama apesta a ausencia.
Mi cuerpo huele a la paciencia de no esperarte,
a hojas de calendario famélicas.
Huele a tinta y a corazón,
sangre a cambio de un desnudo.

Mi piel es la armadura que no quieres en tu guerra.

Está el sueño en huelga de hambre
y le pego tiros a mi almohada,
para no pensarte.

Porque pesas más que unas migrañas,
y llevo más de mil noches de resaca, 
por ti.

Icarpena

viernes, 20 de febrero de 2015

"Luis"


Anoche estuve hablando con mi ,madre y recordé, sin saber por qué, la época en la que trabajaba en Vips.
Fue el peor inicio en el mundo laboral que tuve: demasiada competencia, poco compañerismo, egoísmo...
En su momento me daba rabia, a día de hoy comprendo que solamente eran personas quemadas, que temían por su trabajo y que no tenían donde ir si les echaban.
No me llevé ningún amigo.

Pero siempre me acordaré de un hombre, con el que cada día me sentaba a comer.

Un hombre callado, educado, no se metía con nadie.
Comer con él era aprender cosas de su cultura, de su país y de todas las cosas que había hecho en la vida.
Él era peletero, tan bueno que todos en el trabajo le pedían arreglos y recados.
Un día le confesé que me sorprendía que un hombre como él estuviera en un sitio como este.
Me explicó que toda la experiencia que tenía de peletería en su país aquí no le servía de nada, y tuvo que empezar de cero.
Le admití que le admiraba.
Muy serio me miró y me dijo:

-Irina, tú eres joven y estás a tiempo. Termina tu bachiller y estudia, sea lo que sea, si te gusta, estudia. Pero no dejes nada a medias.

Porque sino serás como yo: un hombre que por querer hacer todo, nunca hizo nada.

La última vez que hablé con él le animé a que buscara un local para montar un negocio y me reconoció que ya había mirado precios.

A día de hoy, han pasado tres años y no he vuelto a saber de ese hombre.
Me hubiera gustado decirle que después de repetir tantas veces tengo bachiller, que voy a terminar un grado superior y que mi próxima meta será ir a la universidad, como hicieron sus dos hijos.

Luis, sé que no vas a leer esto. Pero ojalá supieses lo que tus palabras significaron para mí. 

Ojalá tengas tu local y no sigas quemado, como si no valieses nada, en esa mierda de franquicia donde todo lo adornan con una sonrisa y muchos meses no os pagaban el sudor de vuestra frente.

Anoche mis buenas noches fueron para ti.







Icarpena


lunes, 16 de febrero de 2015

"En carne viva"


Realmente me siento feliz cuando veo a la gente avanzar.
Creo que no existe una sensación más maravillosa que la de sentirse realizado.
Cumplir metas, escribir proyectos y mejor aún: cumplirlos.
Pasan los años y poco a poco veo a los míos seguir. Caer y levantarse, lanzar piedras para construir su propio camino. Encontrar el éxito en la sombra del fracaso.
Y de veras que me siento feliz. Siempre he dicho que no hay mayor emoción que ver a las personas emocionadas, felices, dichosas.

Cada día de mi vida atesoro el momento que comparto con ellos. El triunfo de la sonrisa por encima de la lágrima, las risas a cambio de nada, porque no hay nada mejor que estar a su lado.

La vida pasa, de verdad que pasa y a veces no lo queremos creer. Un día tenía quince años, mi preocupación era que nunca me sacaría la E.S.O, quería cumplir los dieciocho para sentirme libre. Ahora me veo con veintidós y estoy libre dentro de mi propia jaula.
No tengo ni dinero ni trabajo. Estudio algo que no me gusta, todavía no he podido llegar a la universidad.
Mis amigas sí, me gusta cuando cuentan sus historias de pasillos, de fiestas universitarias y rave en los jardines. Su estrés por los exámenes y la continua lucha por saber si les concederán la beca.
Porque sin beca no hay futuro. Sin dinero no somos nada.

¿Pero cual es el verdadero significado de nada?
Para mí nada es no ser todo (muy obvio lo sé).
Nada es no tener una meta, es estar vacío por dentro. Ser piel muerta sobre un esqueleto que no sabe ni siquiera como bailar.
Ser nada es mirarte a los ojos frente al espejo y sentir miedo.

A veces sueño con un pozo profundo. En él caigo, pero no siento. Ni sufro, no hay heridas.
Pero la cuerda brilla por su ausencia. Y es esa la clave de la pesadilla: ausencia.
Estoy sola conmigo misma.
Y tal vez sea ese mi mayor miedo, verme rodeada de mí misma por todas partes.
Abrigada por el hedor del notriunfonoéxitonoganosólopierdo,
Arañando las paredes con las uñas rotas y la piel en carne viva. Me veo gritando sin voz, gimiendo como un animal herido, con las entrañas reventadas y la garganta rajada.

Porque me desangro.

Y al final acabo ahogándome en un charco de sangre que no es nada más que las inseguridades que llevaba por dentro. Los fantasmas me hacen de velo, me vuelvo virgen en la miseria y soy la bendita novia de las ratas, que sólo vienen a devorar mis ojos.

Tal vez no sea una pesadilla.

Tal vez sea mí amarga realidad interior. La eterna guerra de estar siempre herida.

No me justifico a mí misma. Sé que soy yo misma quien ha decidido colgarse el cartel de eterna perdedora.
No soy más que una cáscara de metal, una dinamita con la mecha mojada, sin fuego y artificial.

Comprendo honestamente la dualidad de mi personalidad. Ser y no ser a la vez, moral o pecado. Beso o diente. Caricia/desgarrar.

Es un bucle de ir y venir. Saber ir pero no saber llegar. Marcharse sin saber como regresar.
¿Cómo entender qué es el bien y qué es el mal?.
Todos matamos. No es necesario arrebatar la vida con un arma si no hay peor arma que una palabra, que un gesto, un hecho.
La vida es una continua matanza de la que nadie sale ganador.
¿Por qué no lo entendemos?
¡Estamos continuamente matándonos!
Y estoy harta de dejarme morir. Cansada de tener que matar para sobrevivir.

No soy perfecta. Lo sé, lo comprendo, lo admito, lo subrayo

Tengo la piel del corazón llena de llagas y me escuece siempre que escribo. Siempre que emito un grito de auxilio y nadie lo comprende.
Los valientes son los que lloran con la cara descubierta.
A día de hoy hay quienes no entienden que soy de las que lloran sobre el papel, mis lágrimas son esto que aquí os dejo en forma de poesía, de reflexión, de metáfora hervida y sin conservantes.

Esto soy yo.

Nada. 
Todo. 
Huracán, 
escombro. 
Tormenta, 
tundra. 
Tumba, 
cementerio.
Oración,
sujeto,
predicado,
complemento de mí,
por ti,
para todos.

Soy feliz cuando veo a los demás avanzar, celebro con ellos sus logros. Brindo por su salud, por la vida que les llegará y les besará en los labios, porque amar la vida es comprender la bendición de sentirse vivo.
Pero me quedo estancada.
Les veo alejarse con sus sonrisas y yo sonrío de verás, con un eco de soledad tras los dientes. Brilla la desesperación tras mis ojos, un brillo que nunca cesa.

¿Qué es la felicidad? O mejor aún, ¿cómo se describe la sensación de sentirse realizado?

Cada día pasa, me veo más gorda, más flácida, con un pelo menos y una arruga más. Sin ningún mérito que compartir, sin ninguna hazaña que conmemorar.

Algún día todos se irán, crecerán y echarán raíces, ya no me necesitarán.
Tal vez me recuerden en esos días de nostalgia, esa amiga que siempre les abrazó las heridas, les besó los abismos y se fumó las horas de rock&roll.

Me quedaré atrás construyendo mi pequeña cabaña en el árbol de los que nunca supieron ser valientes. De los que fueron suficiente cobardes para comprender la fealdad de la vida.
Sin saber como luchar, sin comprender cual es la línea que separa el orgullo del ego, la ética de la moral. El bien nunca podrá existir sin el mal.

Tengo miedo a dejarme llevar. Que me pisen los pies, no tener los zapatos limpios. 

No estar nunca a la altura.

Y ser siempre la niña de mirada triste, agresiva, que muerde las manos cuando sólo quiere que le den de comer.
Ser bella enamorándose de la bestia.

A veces siento que tendemos a pelar la piel porque somos incapaces de amar lo imperfecto.
De morder las heridas, lamer las zonas más deshechas, esculpir amor en la lengua cuando rozamos el hueso.

Puede que toda esta reflexión sea el grito de alguien que necesita que amen sus heridas.
Que comprendan el pasado para entender el presente.
Dejar de ser la chica que se fuma todas las colillas, dejar de aullar.
Limar las esquinas de una boca que pide amor.
Borrar la huella de la incógnita que se pasea victoriosa por sus ojos.

Rechazar el peso del mundo.

Porque el mundo pesa, y más cuando siempre has llevado la mochila vacía.



Icarpena





sábado, 7 de febrero de 2015

¡Bendita mi suerte!


¡Bendita mi suerte!
Funambulista de fondo
y yo te veo ahí,
bailando con los pies descalzos.
Con la mirada desnuda
y seduciéndome con los ojos.
¿Para qué necesitamos palabras?

Necesito palabras para vestirte
y para arrancarte las dudas.
Necesito palabras para desayunarte
y para ser tu poeta.
Porque tú eres la chica que me gusta,
la mujer de mis sueños.
Mi chica sexy con piel de sábana,
pecho de almohada y sudor.

Bien sabes que adoro la forma de tu cuerpo.
Que me pierdo por tus calles,
porque no quiero encontrar la señal de salida.
Y si me salgo que sea de tono,
al gritar tu nombre cuando al corrernos me emociono.

Duchar la calma con nuestra guerra divertida.

¡Que feliz me siento cuando me gritas que eres mía!



Icarpena

Reminiscencias

Mariposas