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miércoles, 3 de diciembre de 2014

"A mi yo de ayer"

No mires atrás,
el tren ya se ha marchado.
Sé que estás escuchando a los violines decir adiós,
hay demasiada multitud en los andenes.
Afuera hace frío.
Lo sé,
no debería preocuparme por ti ahora que me he ido.
Sería demasiado cruel confesarte que me importas.
Atardece diciembre por la Albufera,
estarás viendo todos los semáforos en rojo.
El paso de cebra es como un puente quebradizo,
ten valor y salta todas las rayas blancas.
A pesar de que al otro lado no te espere nadie.
Andarás con los pasos cosidos al suelo,
es el mismo camino de todos los días.
Te acordarás de todas las promesas que nos hicimos,
te las fumarás con las mismas ansias de querer darme
otra vez el último beso.
¿Acaso nadie entiende lo poco que saben los últimos besos?
Enciende un cigarro amor,
traga veneno para no soportar el peso del corazón.
Aprieta la bufanda al cuello como si fuera una soga,
vete haciendo una tortura física en contra del recuerdo.
Borra mi olor,
condena a la muerte a todas mis huellas.
Siéntate un rato en ese portal a la altura del Ayuntamiento.
Dedícate a observar como vuela la gente a su nido,
como los autobúses no perdonan la ansiedad de los viejos
por llegar,
la juventud enamorándose por whatsapp.
Imagina que el instante es una fotografía de todo aquello que es
efímero.

Mañana nada será igual,
pero tampoco tendrá por qué ser distinto.
Ni las mismas caras,
pero siempre la misma gente.
Tú no tienes por qué pertenecer a ese sitio.
O tal vez sí,
¿quién decide?
Puedes hablar con la misma voz,
con los mismos dientes.
Pero siempre me echarás de menos.
Y te preguntarás quién te bailará en el vientre,
quién nadará en tu piel sin miedo a la oscura profundidad
de tus necesidades.
Quién desenterrará los tesoros de tu cuerpo,
quién cambiará el otoño en tu mirada.
Quién recogerá las hojas grises de tu pelo,
para hacer adornos de navidad en tus costillas.
Quién te buscará las cosquillas a los sueños,
quién te pintará un corazón en las cicatrices.
No dejes de llorar amor,
es purificar el alma con tristeza.
Sangrar es amar,
y nosotras nos sangrábamos la vida.

En esta poesía no hablo de ti,
Kuramoto me acompaña con su canción
de despedida.
Me hablo a mí desde la otra orilla.
El mar nos separa como un eco a su silencio.
A mí yo de ayer,
ese que siempre llevo encima.
Me disfraza por las noches,
cuando estoy en carne viva.
A mí yo de ayer,
te apago las luces del descansillo.
Ahora que he aprendido a dormir sin llover,
con la luna velándome desde la mesilla.
Este es mi tren.
Puedo oír a la noche invitándome a alejarme.
De nuevo ese andén,
esos violines que recitan despedidas.
Sin ninguna multitud,
no me apartes la mirada.
No me odies,
ni me reproches nada.
La vida siempre empieza donde todo acaba.


@Icarpena




3 comentarios:

  1. Me has dejado maravillada y enamorada de como escribes y como haces sentir..
    a veces debemos crecer lo suficiente para poder decir hola a otras partes de nosotros que no han tenido tiempo de surgir.
    besos.
    Me quedo.

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  2. Como siempre, es una delicia leerte.
    Las despedidas siempre me han roto el alma un poquito más (ya no debo de tener). Y tu poema lo ha vuelto a hacer.
    Pero gracias por romperme, porque es increíble leerte.
    Un besito.

    Miss Carrousel

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  3. ¿Y por qué no me salían estos posts en las actualizaciones de los blogs? :(

    Me he sentido identificada con el poema... Si entonces pudiésemos escuchar lo que en el futuro nos diríamos, creo que sobrellevaríamos mejor muchas cosas. Me ha encantado la imagen de "cuando estoy en carne viva", y, "andarás con los pasos cosidos al suelo" (ciertamente se tiene un miedo atroz a volar de nuevo cuando has caído desde tan alto, por cualquier circunstancia).

    Besos muchos.

    ResponderEliminar

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