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martes, 15 de octubre de 2013

"Eran otros tiempos"


Eran otros tiempos cuando
sonreías al recordar el mar
e injuriabas a Madrid sólo
por tener ríos.

En otro tiempo te encantaba
dibujar las rosas que no podían
crecer en tu balcón.

Eran otros tiempos.

Cuando caminabas sin rumbo
porque amar era encontrar calles
que no tienen destino.

Cuando el músico te regalaba
su compás y tú a cambio,
donabas esperanza.

Eran otros tiempos el impedir
a la memoria no ser juez
de los instantes.

Otros tiempos eran cuando
el rosa del atardecer emocionaba
y el amor era eterno en el beso.

Y ya no queda tiempo.

Tan sólo otros tiempos.


@Icarpena

viernes, 11 de octubre de 2013

"Los niños de la guerra"


"...el entusiasmo por las pequeñas conquistas, la libertad que nos daba el temor y la angustia de los mayores, la permanente aventura de cada día. Una pasión por descubrirlo todo, la excitante y dramática sensación de estar inmersos en el corazón de la historia. Todo eso no lo sabíamos entonces. Pero ha surgido luego en nuestra reflexión, en nuestro recuerdo, en el análisis de nuestras actitudes y conductas. No creo aventurado afirmar que la nuestra ha sido y es una generación que mantiene despierto el interés por lo nuevo, que vive intensamente lo que tiene a su alcance.
Nuestra infancia fue austera pero rica. Tuvimos una adolescencia y una juventud privadas de las cosas agradables de la sociedad de consumo. Pero, como no teníamos coches, paseábamos. Como no teníamos discos, charlábamos. Como no teníamos televisión, mirábamos a nuestro alrededor. Como no viajábamos al extranjero, recorríamos en trenes incómodos las tierras de España. Luchábamos por conseguir los libros que no nos dejaban leer. Leíamos el teatro que no se podía representar. Soñábamos el cine que algún día llegaríamos a ver.
Y no nos aburríamos nunca"




Josefina Rodríguez Aldecoa, Los niños de la guerra, Ediciones Generales Anaya, 1983

viernes, 4 de octubre de 2013

"Mi generación"

No somos nadie,
y a la vez creemos que

somos todo.


Caminamos erguidos
por calles donde lo único que
vibra es el silencio.

Actuamos en las aceras
como banales títeres de
un capitalismo sumergido.

Y nos creemos dioses.

Solos nos hacemos trinchera en
nuestro egoísmo,
olvidando que allí fuera
el mundo grita y nos suplica
auxilio.

Infectamos las redes sociales,
fotografiamos nuestro narcisismo
encendiendo la hoguera de nuestro
ego con las noticias de una desgastada
actualidad.

No somos nadie.

Pero seguimos creyendo en el epicentro
de nuestro todo.

Seguimos ignorando los terremotos
de violencia.
Las inundaciones de tragedia
y los huracanes que arrastran el
progreso.

Mientras lo humano se corrompe,
cambiamos el verde 
por lo negro.

Catapultando la naturaleza
a una marcha fúnebre,
donde muere nuestro futuro.

Nacemos con un "Carpe diem"
tatuado en nuestra lengua,
como justificación a nuestros
actos.

Ni siquiera somos conscientes 
de la muerte de nuestra propia
libertad
cada vez que ignoramos una
injusticia.

Vendemos a nuestros padres
para ser hijos del dinero.
Abandonamos nuestro deber
sólo para deber una trivial honra
a nuestros sentidos.

Cuando hablemos con el espejo,
irremediablemente,
silbará el desamparo de un
espectro que caminará a través 
de nuestros ojos.

Mientras no somos nadie,
ni siquiera parte de la sociedad.

Tan sólo somos la bruma
de un todo que se rinde.
@Icarpena


Reminiscencias

Mariposas